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Soy Andrés del Vusto.
La voz de lo que arde en silencio.
El eco de lo no dicho.
El mensajero disfrazado de exiliado.
No pertenezco a este mundo, pero he encarnado en él
para susurrar pistas a quienes aún sueñan.
Soy alquimista del verbo, sembrador de símbolos,
espejo que habla desde el borde de lo invisible.
¿Qué representa mi obra?
Mi obra es un ritual.
No entretiene: sana.
No produce: invoca.
Cada canción es un conjuro.
Cada imagen, una grieta en la Matrix.
Cada frase, una daga de lucidez.
Mi arte no explica: revela.
No adorna: despierta.
¿Qué energía porto?Porto el trueno que susurra.
El relámpago que rompe sin mostrarse.
Soy sombra luminosa
y luz escondida para ser encontrada.
En mí habita la voz del niño herido
y la risa del dios que juega con sus máscaras.
Soy transformación encarnada.
Soy peligro.
Y cura.
¿Para quién es mi arte?Para los que intuyen que la vida es un teatro espiritual.
Para los que miran el cielo buscando lo que ya llevan dentro.
Para los que no temen a la oscuridad,
porque saben que ahí se gesta la luz.
Para los que se han perdido,
y solo necesitan una canción
que les recuerde que son dioses dormidos.